Shakespeare: Diseño en escena

Shakespeare: Diseño en escena
Literatura Universal

 

ÍNDICE

 

Introducción

1.Shakespeare y la magia

2.Magia y personajes

3.Espacios mágicos

4.Objetos mágicos

5.La magia como aspecto estético

6.Puesta en escena de lo mágico

7.Conclusión

8.Bibliografía

 

Introducción.

 

El tema que abordará este trabajo, será la utilización de la magia como elemento central dentro de la obra titulada La tempestad, de William Shakespeare.

El aspecto mágico funciona como articulador del drama e incluye: al espacio geográfico: donde se desarrolla la trama, a los personajes: que poseen poderes sobrenaturales, a los objetos: que se utilizan como intermediaros para la realización de conjuros y hechizos y al uso estético y simbólico que se hace de ellos  a través del lenguaje. Además, plantea una desafiante propuesta visual y sonora que llevar a escena. 

También, a modo informativo, se describe la influencia de lo mágico dentro del mundo del Teatro Isabelino del s. XVI y el influjo que tuvo la obra de otro de los dramaturgos más destacados de la época: Christopher Marlowe, sobre Shakespeare. 

 

  1. Shakespeare y la magia.

 

“We are such stuff as dreams are made on, and our little life is rounded with a sleep.” /  “Estamos tejidos de la misma tela que los sueños, y nuestra corta vida se cierra con un sueño.”

 

(Próspero, IV)

 

El recurso mágico es  utilizado por Shakespeare en varias de sus obras. La aparición  de fantasmas, de espíritus, de duendes, de seres mitológicos, de transmutaciones físicas, junto con la descripción de lugares remotos y situaciones fantásticas; son elementos que caracterizan al estilo shakespeariano.

Se considera que las últimas obras de Shakespeare son: Cuento de invierno, Cimbelino, y La tempestad, la primera es una comedia y las últimas dos, se agruparían dentro del subgénero denominado como de dramas fantásticos. 

Siguiendo a la tradición (pero sin desconocer los debates que giran entorno a la fecha de la creación de la obra), La tempestad, fue estrenada en el palacio Whitehall en Londres por el año 1611, sería la última obra de Shakespeare. Cimbelino y Cuento de invierno datarían del mismo período, entre 1610 y 1612.  

Es preciso destacar que La tempestad ocupa el primer lugar de dentro del First folio publicado por Ben Jonson que recoge la obras de Shakespeare. A consideración de Bloom (2002), este lugar en el folio, supone una correlación con el éxito que la obra pudo haber tenido en su época, el período de Jacobo I, sucesor de la reina Isabel I.  

Con respecto al argumento, Bloom afirma que la comparación del personaje principal, Próspero, con el de Fausto de Marlowe, es inevitable. La diferencia que encuentra el autor entre uno y otro, se encuentra en el tipo de magia que practican. Lo mágico en Fausto, es oscuridad y es diabólico. En Próspero (nombre que deriva de la tradición italiana de Fausto  y que significa “el favorecido”), lo mágico, está relacionado con el uso de una especie de magia natural y superior. Siguiendo en esta línea, afirma el autor, que Shakespeare se basa en el Doctor Fausto para la creación de su personaje, pero lo construye desde una perspectiva opuesta, concluye Bloom (2002) entonces, que: “Próspero es el anti-Fausto de Shakespeare.” (p. 766).

 

En referencia a la cuestión sobre la autoría de la obra, expresa Laundauer  (1947):

 

«La tempestad proviene de Shakespeare, y solo de Shakespeare maduro, y es poco menos que indiscutible que son de su invento muchos rasgos aislados de la acción exterior que sirven para motivar  y oponer los tres reinos, como ser la figura de Calibán y la de Ariel, las de Tríngulo y Esteban, representantes de la esfera baja. » (p. 503)

 

Cuestión shakesperiana: la de la oposición de los mundos y el espejado de esferas opuestas, que se manifiesta en las caracterizaciones y en los diálogos de los personajes de La tempestad.

 

  1. Magia y personajes.

 

“Tú, que eres solo aire, tienes la sensación del sentimiento de sus pesares, y yo, ¿no he de compartirlos que soy de su especie, yo que siento la pasión tan fuerte como ellos, no voy a compadecerme como te compadeces tú?.”

 

(Próspero, I, V)

 

En este apartado se estudiarán los personajes de Próspero y  de Ariel, por ser los que poseen más rasgos mágicos manifiestos dentro de la obra. Se ahondará en la forma en que poseen de manifestar su magia y de relacionarse con sus poderes sobrenaturales.

Próspero, duque legítimo de Milán, traicionado por su hermano y exiliado a una isla lejana, aparece en la segunda escena del primer acto, junto a su hija, Miranda, “frente a la cueva”. Este personaje es presentado a través de la las palabras de Miranda que destacan parte de la etopeya del mismo: “con tu arte, mi queridísimo padre has hecho rugir estas olas salvajes, ahora aplácalas”(I, II). El lector es enterado de que a través de su arte (su magia), Próspero ha desatado la tempestad, y provocado el naufragio del navío en el que viajaban, el usurpador de su ducado: su hermano Antonio, junto con el rey de Nápoles, su hermano y su hijo, entre otros. Aquí se presenta el conflicto argumental; Próspero ya ha puesto en marcha su venganza.

Para llevarla a cabo, recurre a sus poderes mágicos e invoca a Ariel, un espíritu del aire, que también domina el fuego.

Próspero, utiliza un instrumental simbólico y variado para realizar sus hechizos. Primero: la palabra. Utiliza el lenguaje para ordenar a Ariel, su esclavo, para que lleve a cabo su voluntad. Segundo: el sueño. Éste es un elemento que aparece cada vez que Próspero lo llama indirectamente y con el cual se apodera de la voluntad del otro: 

 

PRÓSPERO: (…) Ahora, no me hagas más preguntas. Te está dominando el sueño que es un bien reparador… déjale que llegue… veo que no puedes defenderte de él…(Miranda se queda dormida).

 

PRÓSPERO (A Fernando):  Obedece. Tus músculos volvieron a la infancia y no tienes fuerza

FERNANDO: Es cierto. Mis espíritus, como en un sueño, parecen estar encadenados.

(I, II)

 

Un tercer  instrumento que utiliza, es la figura de un círculo que solamente se referencia en una acotación en el acto IV: “Todos penetran en el círculo trazado por Próspero y se quedan allí, bajo el hechizo”, pero no se describen más detalles en relación a él. 

 

Ariel, espíritu del aire y esclavo, es el personaje mágico que actúa a bajo las órdenes de Próspero. 

Las herramientas que utiliza para hechizar son: el aire, el fuego, el canto y la música. Para Ariel es posible “…traspasar el aire, nadar, arrojarse en el fuego cabalgar sobre las ondulantes nubes….” si su amo se lo ordena. Y, no solamente él sino que  “…Ariel y a toda su influencia.” (I,II), es decir, que en cada empresa que le es encomendada, recibe la colaboración de otras entidades que se encuentran a su disposición.

Con el fuego y la tempestad, destruye el navío que naufraga en las costas de la isla. Además, infunde el sueño profundo con su canto y con sus susurros y se disfraza de arpía para hacer desaparecer el banquete celebrado en al acto III: “Próspero, arriba invisible, domina todo. Entran por diversos lados, figuras que traen un banquete (…) invitan al rey y a los demás personajes a comer.”, “Truenos y relámpagos. Entra Ariel, disfrazado de arpía. Mueve sus alas con elegancia y desparece el banquete.”(III,III). Estas acotaciones de Shakespeare, iluminan la idea de que Ariel, por ser un ser espiritual, se encuentra en profunda conexión y es mediador entre los humanos y la naturaleza. A este respecto, plantea Spencer (1954)  sobre La tempestad que:

 

«Considerando los tres planos de la jerarquía de la Naturaleza- animal, humano e intelectual- que formaban la base de la visión que tenía Shakespeare sobre el hombre, hemos de tener una estructura central desde la cual se irradien todas las interpretaciones.»

 

Por otro lado José Enrique Rodó (2003): en su obra política, filosófica y pedagógica denominada Ariel, publicada en 1900, describe e interpreta al Ariel shakespeariano de esta manera:

 

«Ariel, espíritu del aire, representa en el simbolismo de la obra de Shakespeare, la parte noble y alada del espíritu. Ariel es el imperio de la razón y del sentimiento sobre los bajos estímulos de la irracionalidad, es el entusiasmo generoso, el móvil alto y desinteresado de la acción, la espiritualidad de la cultura, la vivacidad y la gracia de la inteligencia, el término ideal a que asciende la selección humana, rectificando en el hombre superior los tenaces vestigios de Calibán, símbolo de sensualidad y de torpeza, con el cincel perseverante de la vida.»

 

  1. Espacios mágicos.

 

“La isla está llena de sonidos, de rumores, de sutiles aires que embelesan, pero no hacen daño. A veces, miles de instrumentos suenan en mis oídos, y son voces que, me ha despertado de un largo sueño y me hacen dormir de nuevo. Y soñando, las nubes se abren y derraman maravillas sobre mí; de tal modo que lloro, cuando me despierto, porque quiero seguir soñando.”

(Calibán, III, II)

 

La isla, es el espacio geográfico donde transcurre la acción dramática. Es un lugar habitado por el sabio, mago y anciano Próspero, su hija Miranda y los dos esclavos del primero: Calibán y Ariel. Estos personajes mágicos se insertan dentro de un mundo aislado, un espacio que los contiene fuera de la civilización, en un escenario exótico que plantea una atmósfera llena de mística.  No se especifica en la obra un lugar que exista de hecho, ni se referencia a algún espacio geográfico en concreto. Según Landauer, este escenario lejano puede tener que ver con los viajes europeos a América. Teoriza el autor, que luego del desembarco en 1492, durante el s.XVI se realizaron grandes exploraciones en las tierras americanas, y que estos viajes despertaron el interés y desarrollaron el imaginario sobre geografías distantes y desconocidas.

Lo que sí se puede afirmar sobre la isla de La Tempestad, lo sabemos por referencias explicitas en el texto: “En aquella época, esta isla  -salvo el hijo que había parido la bruja, un monstruo pequeño, rojo y horrible – no estaba habitada por humano alguno.” También se puede afirmar, que habitaban unos animales que “hacían aullar a los lobos y (…) el corazón de los osos, eternamente enfurecidos.” Pero todos ellos, existen en un tiempo pasado y no hay referencias de ellos en el presente. El drama se desarrolla enteramente en diferentes lugares dentro de la misma isla.

Además, otra cuestión que favorece y caracteriza al ambiente mágico de este lugar, es  que es un espacio impregnado de sonoridad. A veces, se escuchan cantos, músicas y rumores que como dice Calibán, provienen de un lugar extraño, son sonidos que lo confunden y hacen que no logre distinguir entre sueño y realidad. 

 

  1. Objetos mágicos.

 

 “No termino de asombrarme de estas figuras, de esos gestos y sonidos que, sin palabra, componen una clase de lenguaje mudo, pero a la vez expresivo.”

 

(Alonso, III, III)

 

En este apartado se describirán los objetos simbólicos que caracterizan y forman parte de la grafopeya de los personajes mágicos dentro de la obra.

Próspero es el mago y el personaje principal. Lleva una vestidura que el mismo personaje caracteriza como mágica y le dice a Miranda: “Dame tu mano y despójame de mi vestidura de magia…” (I, II) Es decir, que al manto que lo recubre, le otorga una cualidad superior. No solamente él es mago sino que está cubierto de magia. 

Del mismo modo, sus libros lo definen. Construyen a este personaje, quien desatiende a su poder político, abocándose a la lectura y adquiriendo de estos objetos mágicos, otro tipo de poder: el poder del conocimiento y el de una sabiduría oculta. En conclusión, el estudio de esos libros le arrebata su poder social, pero le otorga su poder mágico. Así lo narra Próspero:

 

«En esa época, de todos los ducados era el mío el más importante. Próspero era superior a los otros duques. Ninguno podría comparárseme en linaje ni en el conocimiento de las artes liberales, cuyo estudio me absorbía, por lo cual,  abandoné la carga del gobierno dejándoselo a mi hermano y viví como un extranjero , aplicado a las ciencias ocultas. (I, II)»

 

Es interesante reparar en el cambio que ocurre en el relato del personaje quien comienza hablando en primera persona para luego pasar a una tercera que se nombra a sí misma, acentuándose aquí la transformación del Próspero pasado, duque de Milán, al Próspero actual y mágico, como si fueran dos personas distintas. Para luego hacia el final de la obra, cerrar el arco dramático del personaje volviendo a ser el duque de Milán, con su sombrero y su espada, pero habiendo cambiado internamente, perdonando y entendiendo que: “Hay más mérito en la virtud que en la venganza.” (V,I)

 

Como último objeto a destacar, aparece la vara mágica, que el autor convierte en el símbolo más representativo del poder mágico en el momento de quiebre de la obra cuando Próspero decide perdonar y abandonar el rencor para dejar la isla encantada y regresar como duque legítimo a Milán.   

La escena finaliza con un discurso de Próspero y  cierra con una música solemne: 

 

«…romperé mi varita mágica, la sepultaré en lo hondo de la tierra, y sumergiré mi libro a una profundidad mayor de la que pueda alcanzar la sonda. (Música solemne). (V,I)»

 

  1. La magia como aspecto estético.

 

“¡Títeres vivientes! Ahora creeré que existe el unicornio, que en Arabia hay un árbol, el trono del fénix, y que en él, en este instante, reina un fénix.”

 

(Sebastián III,III)

 

La analepsis, provocada en el primer acto de La tempestad, funciona como un elemento retórico que refiere a hechos del pasado y que pone al tanto al lector-espectador de lo sucedido, para que pueda situarlos en el presente y conectar con la línea argumental de la obra. Del mismo modo,  sucede con los flashbacks en la explicación de Próspero a Miranda sobre cómo ha perdido su ducado, o la de Ariel a Próspero sobre cómo a provocado el hechizo. También, la aparición de Calibán, supone un relato que se sitúa en el pasado y que tiene que ver con su madre, la bruja Sycorax, quien imperaba sobre la isla anteriormente a Próspero. Todas estas primeras apariciones de los personajes, allanan el terreno para el entendimiento del funcionamiento de la relaciones construidas entre ellos y para la presentación del conflicto inicial. 

 

Ariel, que irónicamente es el espíritu del aire y al mismo tiempo el esclavo de Próspero, entra en escena: “…invisible, cantando y tocando.” (I,II) (la flauta o el tambor). Y con él se configura lo que será la aparición de la magia ligada a la música. Relación que se mantendrá constante durante toda la obra.

 

El uso de la referencialidad retórica al espacio, se plantea de forma clara en el pasaje cómico del segundo acto, donde Gonzalo, Sebastián y Antonio describen el paisaje que los rodea:

 

GONZALO: Aquí se halla todo aquello que es útil a la vida.

ANTONIO: Es cierto, menos los medios para vivir.

SEBASTIÁN: De esos hay pocos o ninguno.

GONZALO: ¡Qué espesa y firme parece la hierba! ¡ Y qué verde!

ANTONIO: El terreno es, verdaderamente, tostado.

SEBASTIÁN: Y con una pizca de verde.

 (II,I)

 

La comicidad radica en la contradicción. En principio, el diálogo puede ser interpretado en dos sentidos: primero, como un pasaje de comedia que a través de los parlamentos ágiles e irónicos logra su efecto. Segundo, que lo antitético en la descripción sobre la geografía  del lugar, podría tener que ver con dos puntos de vista que paradójicamente pueden existir; a pesar de su oposición. Pues, en definitiva, estos personajes están inmersos dentro de un mundo mágico regido por leyes ajenas a la realidad.

 

La captatio benevolentiae a la que recurre Próspero en el epílogo, es la vía por la cual, manifiesta la deposición de su rabia, redime a sus traidores y pide la absolución al público. El monólogo, dirigido a la audiencia, rompe la cuarta pared. El personaje renuncia al mundo mágico y decide regresar a su país. Ese país, es el mundo real al que pertenece a la audiencia. El monólogo funciona como un puente que une a los espectadores con la escena.

 

6.Puesta en escena de lo mágico.

 

“La tempestad no es un discurso sobre el colonialismo ni un testamento místico. Es una comedia escénica locamente experimental…”

 

(Harold Bloom, 2002)

 

El lector  de Shakespeare, enriquece su lectura, si considera al autor en relación a las dos esferas en las que se desdobla como escritor: la de poeta y la de dramaturgo. 

  1. J. Sisson (1952) en su artículo sobre “Las condiciones del arte de Shakespeare”, describe al drama como el proceso de una integración triple: el de la creación, el de la representación (donde se suman los actores y todos los participantes que sirven a la puesta escenográfica) y la aparición del público, con sus experiencias previas y con sus futuras expectativas. En este sentido, Shakespeare como poeta y dramaturgo, a través de las acotaciones escénicas, pero sobre todo, dentro del discurso y de las acciones de sus personajes, crea una maquinaria que debe funcionar como literaria, al mismo tiempo que debe ser factible para la representación teatral. 

En referencia a las características espaciales que poseían de hecho los Teatros Isabelinos, debe considerarse que han sido parte fundamental del proceso creativo de Shakespeare: “Su drama estaba arraigado a su tiempo y en las condiciones de su arte; en la escena y en sus costumbres; en el público y en sus gustos, tanto como en el drama de las generaciones anteriores.” (Sisson, 1952). 

Si se entiende al teatro como un no-lugar, se acepta la posibilidad de que sea cualquier lugar. Al mismo tiempo, ese lugar imaginado por el dramaturgo, debe encajar dentro de las delimitaciones de un espacio real. Sisson (1952) expresa, que la forma circular del Globo, continúa la forma circular de las corridas de toros, donde la visión del público a escena es accesible desde cualquier ángulo. A su vez, como consecuencia de la apropiación de los teatros, por parte de los grupos de actores, se transforma la infraestructura de éstos de manera más adecuada y efectiva para la representación, lo que supone una gran diferencia con las representaciones que acontecían en las residencias señoriales. Aparecen nuevas posibilidades de representación debido al desarrollo de la maquinaria detrás de escena y a la eliminación, casi en su totalidad, de escenografías pintadas y estáticas; liberan la fijación de la escena y posibilitan una representación menos concreta geográficamente, aportando agilidad a la obra.

La tempestad, tiene un tiempo de representación de tres horas y es el texto de Shakespeare en dónde más importancia tienen las acotaciones escénicas. Siguiendo a Bloom (2002), se podría afirmar que en La Tempestad  existe un mayor grado en  la preocupación por la puesta escénica. Hay una relación, entre el aura mágica dentro de la que se inscribe la obra y la vinculación directa con la representación teatral, para poder recrear esta atmósfera. 

Por ejemplo, en el primer acto, Fernando aparece en escena, no ve a Miranda ni a Próspero que están frente a la cueva dentro del mismo escenario, sin embargo, ellos lo divisan. Él ve a Miranda, y Próspero permanece invisible hasta ser visto por Fernando luego. A todo esto, Ariel, que también se encuentra en escena, no es visible para Fernando. Como si la realidad, apareciera continuamente fragmentada. 

Todo este movimiento de acciones, música, entradas y salidas de personajes contribuyen a resaltar y a reforzar la idea de una atmósfera  mágica que envuelve a toda la isla.

Las referencias al vestuario se hacen a través de los parlamentos. Ariel referencia que estos son: “más lujosos que antes” (I,II) y Gonzalo expresa que sus prendas “…a pesar de haberse mojado en el mar, no perdieron su lozanía..”, “Nuestros vestidos, parecen ahora, tan nuevos como cuando nos los pusimos en África…” (II,I). Además, aparecen vestiduras de arpía (cuando Ariel se disfraza), el vestuario de  las diosas (de suponer acorde a su jerarquía) y el disfraz de los perros.

A través de la música se refuerza la idea de magia y de ensueño. A consecuencia de ello, la  mayoría de las acotaciones son en referencia a los momentos sonoros: canciones de Ariel (I.II), y (V), “extraña y solemne música” (en el banquete: III,III),  “suena de pronto la música” (mascarada: IV). También, a través del soliloquio de Calibán (III.II), se referencia a los sonidos de la isla. Por último, la música, antecede a la aparición del sueño de Miranda, de Calibán, de Gonzalo y de Fernando.

 

  1. Conclusión

 

Como reflexión y a modo de cierre, La tempestad es una obra que buscó nuevas formas y nuevas temáticas a representar, en su esencia, hay algo de experimental, de intertextualidades, y de inquietud acerca de explorar nuevas formas de expresión. Puede ser el destaque de la ambientación sonora dentro del texto o la complejidad que implica un escenario mágico e indefinido. 

Hay algo en La tempestad que parece que no se ha resuelto del todo y en ese misterio radica la extrañeza de esta obra, tan particular, que podría definirse como Próspero lo hace en referencia a sí mismo en la escena única del acto V: 

 

«Not one of them

That yet looks on me, or would know me. 

(Ninguno hasta ahora me ha mirado y reconocido…)

 

  1. Bibliografía

Bloom, H. Shakespeare: la invención de lo humano. Anagrama. Barcelona, 2002.

Landauer, G. Shakespeare. Americalee. Buenos Aires, 1947.

Pavis, P. Diccionario de Teatro. Paidós. Buenos Aires, 2003.

Rodó, J. E. Ariel. Biblioteca virtual universal, 2003.

Shakespeare, W. La Tempestad. Ediciones Libertador. Buenos Aires, 2004

Sisson, C. J. Introducción a Shakespeare. “Las condiciones del arte de Shakespeare” (p.19). Emecé editores S.A. Buenos Aires, 1952.

Spencer, T. Shakespeare y la naturaleza del hombre. Losada. Buenos Aires, 1954. 

Yates, F. Las últimas obras de Shakespeare: una nueva interpretación. F.C.E. México, 2001. 

Por: HYPO

 

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